Experto en fake news: “En el estallido la desinformación que se compartió tenía principalmente intencionalidad política o ideológica”

Experto en fake news: “En el estallido la desinformación que se compartió tenía principalmente intencionalidad política o ideológica”

Experto en fake news: “En el estallido la desinformación que se compartió tenía principalmente intencionalidad política o ideológica”

Una charla para explicar el fenómeno de la desinformación con sus matices, para que la ciudadanía se fortalezca con herramientas y «todos podamos habitar y convivir mejor en el ecosistema de la información», espera dar en el próximo Congreso Futuro el experto en fake news, el periodista Enrique Núñez.

El profesional será parte de la décima versión del evento, que reunirá a científicos e intelectuales para debatir el mundo actual, a partir del próximo lunes 18 de enero.

Específicamente, Núñez estará en el panel 6, «La verdad que decidimos creer», de 15:20 a 16:10 horas, junto a la neurocientífica taiwanesa Chiayu Chiu y la cineasta y activista británica Beeban Tania Kidron, presidenta de 5Rights Foundation.

«¿Cuánta verdad hay en la verdad? El emergente fenómeno de las fake news nos obliga a pensar sobre el rol de la desinformación en redes sociales, sus peligros e intenciones. Esta sesión buscará entender los problemas que conlleva dejarse llevar por esta ola de información falsa, tanto para el individuo como también para las sociedades», es la reseña sobre esta charla.

«Es una charla para todo público, que busca sobre todo acercar y aterrizar estos temas a lo práctico, y a cómo podemos enfrentar el tema de la desinformación día a día en nuestra cotidianidad», anticipa.

Fenómeno histórico

Periodista y académico chileno, Núñez  es profesor asistente de la Facultad de Comunicaciones UC, desde donde dirige el proyecto de verificación www.factchecking.cl.

Desde este espacio, ha impulsado la fiscalización al discurso público de las autoridades, el chequeo de contenidos en redes sociales, la educación y divulgación a la ciudadanía para evitar caer en desinformación (fake news), la investigación y docencia sobre fact checking, la capacitación en fact checking a redacciones profesionales y la colaboración entre proyectos locales de verificación.

Núñez comenta que la desinformación ha sido algo recurrente en la historia humana, desde la la antigua Roma. Un ejemplo es el famoso incendio que habría desatado Nerón.

La BBC ha hecho un recuento de fake news en circulación. Estas incluyen acusaciones del presidente Donald Trump sobre la votación «de muertos» en las elecciones en Michigan; una campaña de KGB para denunciar que el VIH/Sida fue creado en Estados Unidos; los rumores sobre el uso de hidroxicloroquina contra la COVID-19, con fatales resultados; los señalamientos de que el cambio climático no es más que una parte del ciclo natural; o incluso un famoso video de un «falso» Barack Obama de 2017, que obtuvo millones de reproducciones, y que podía ser desenmascarado al notarse que el mandatario no parpadeaba.

Caso chileno

Chile no ha sido la excepción en este tema, tanto en su historia reciente como durante el estallido y actual pandemia.

Un claro ejemplo es lo ocurrido en la época de la dictadura militar, cuando «se articularon estrategias de desinformación, como suele ocurrir en regímenes autoritarios, utilizando códigos del periodismo para difundir mentiras, como el infame despacho de Claudio Sánchez en el Estadio Nacional».

«Creo que uno de los casos más emblemáticos fue el de la Operación Colombo, cuya mentira consistía en hacer creer que jóvenes miristas asesinados por la dictadura se habían matado entre ellos. La desinformación se compartió a través de diarios nacionales con un conocido titular de La Segunda. Es interesante y dramático, el nivel de sofisticación de la mentira, porque hasta se generaron fuentes falsas para citar: las publicaciones extranjeras, el diario Novo O’Día de Brasil, que estaba extinto y reapareció solo para publicar la desinformación, y la revista Lea de Argentina. Todo articulado por la Dina».

La foto de Piñera en la pizzería Roma el viernes 18 de octubre de 2019 parecía «fake news», pero era real.

Ejemplos paradigmáticos

Entre los ejemplos paradigmáticos del estallido social, una de las más conocidas que destaca Núñez fue «la foto fuera de contexto, que mostró que Piñera estaba supuestamente en un matrimonio durante las manifestaciones».

«Es un caso interesante de análisis, primero, porque se ancla en una percepción sobre el personaje, que la hace parecer creíble, porque hay hechos comprobados que tienen un carácter similar, por ejemplo, que se encontraba en una pizzería durante el estallido social».

Un antiejemplo, en ese sentido, es la foto que se tomó en Plaza Italia, en medio del confinamiento.

«Parecía fake, pero es una imagen real, lo que da cuenta de que la desinformación del matrimonio tiende a reforzar un prejuicio que ya está presente en, al menos, un sector de la opinión pública sobre la figura del Mandatario. Esto es coherente con la evidencia científica que hay respecto a la desinformación, y es que reafirma una creencia previa», comenta.

«En segundo lugar, el caso amerita análisis, porque mostró que aún queda mucho por trabajar en darle herramientas a la ciudadanía para distinguir la desinformación, ya que era un contenido cuyo proceso de verificación está disponible para todos los usuarios. Había que buscar la imagen en Google para encontrar la fuente original, que correspondía a un artículo de Revista Capital. Lo que parece sencillo, pero implica desarrollar un hábito de consumo informativo», dice.

Sátira

Por otro lado, tanto para el estallido social y la pandemia, Núñez señala que ha habido una imagen común, que pertenece a la sátira, que se considera uno de los tipos de desinformación menos peligrosos, pero que, aun así, «siempre que me ha llegado por alguna vía, es porque alguien lo comparte ingenuamente, por ende, no hay que restarle relevancia».

Se trata de la imagen de un actor pornográfico español, Ángel Muñoz García, conocido como «Jordi el Niño», al que lo acompaña un texto que lo convierte en protagonista de alguna historia asociada a un hecho de actualidad.

En un caso, en el estallido social se compartió con el siguiente texto: “Él es Alejandro Calderón, destacado alumno de 4° medio en el colegio Maristas de Santiago y además presidente del centro de alumnos. Este joven tuvo la brillante idea de evadir las estaciones de metro y gracias a él Chile despertó”.

Mientras que uno de los ejemplos con los que se difundió en pandemia, y a nivel internacional, fue: “Este es Alberto Sánchez, médico del Hospital de la Paz de Madrid, que acaba de fallecer a la edad de 24 años a causa del coronavirus, tras un gran trabajo y esfuerzo al cuidado de cientos de pacientes, pero como no es un futbolista ni cantante, no tendrá la repercusión que merece”.

«Aunque la motivación puede ser compartir un meme chistoso, el caso nos permite atender al hecho de que los usuarios de plataformas sociales son diversos en edad y conocimiento respecto a los códigos de las mismas, incluyendo el humor, por ende, no se puede dar por hecho que todos manejan la misma información de contexto para entender el contenido. En ese sentido es mejor advertir que se trata de una pieza humorística y como usuarios siempre verificar. También al buscar la imagen en Google aparecen múltiples versiones del mismo meme», comenta.

Conspiracionismo

En cuanto a las conspiraciones respecto al origen del virus, el periodista puntualiza que la más conocida fue Plandemic, «que es un video que circuló en redes sociales diciendo que el virus se trataba de un plan, respaldado con supuestos expertos médicos. Eso mostró la vulnerabilidad aún de algunas plataformas ante la desinformación: mientras YouTube lo bajó, el video siguió circulando en Tik Tok».

«Hay que tener mucho ojo con las conspiraciones, porque suelen sustentarse en expertos que podrían tener alguna credencial académica, pero que aun así pueden estar altamente ideologizados o no presentar evidencia. Esto no siempre es político, puede tener un objetivo comercial, como vender un libro, como ocurrió con La verdad de la pandemia, que no es más que un menjunje de conspiraciones, que acá se llegó a vender en supermercados», advirtió.

«En general, estas conspiraciones se han asociado a personajes con poder económico y filántropos, aduciendo que crearon el virus para vender vacunas, por ejemplo, Bill Gates o George Soros».

Un ejemplo local que Núñez menciona, porque lo verificó en Factchecking.cl, fue el llamado que hicieron Tomás Cox y el diputado Raúl Alarcón a hacer gárgaras con sal para combatir el COVID-19.

«Este caso es un ejemplo de cómo se compartieron remedios caseros por doquier y tesis sin ningún fundamento, como la temperatura, el pH y otras. El ejemplo muestra que personajes públicos con una cantidad considerable de seguidores, hacen un uso irresponsable de las redes sociales con estos llamados, lo que también invita a pensar en la responsabilidad que implica tener un espacio como ese, donde ya sea por el afecto que generan o autoridad que estas personas tengan en otros temas, podría llevar a que alguien, cediendo a la incertidumbre, les preste atención y siga esos consejos. Algo similar ocurrió con Miguel Bosé», dice.

El último ejemplo es uno que trascendió convirtiéndose en el discurso de presidentes como Jair Bolsonaro y Donald Trump. Se trata del llamado a usar dióxido de cloro para tratar el COVID-19.

«Lo interesante del caso es que enseña a tener cuidado con los falsos expertos. La idea la difundió un supuesto científico, pero cuyo trabajo no tiene validez científica, sus libros son autopublicados y solo tiene una página web vendedora. Es clave que toda la ciudadanía y, sobre todo, periodistas, identifiquen bien las credenciales de los especialistas», subrayó.

Trayectoria personal

El profesional cuenta que se metió en el mundo de las «fake news» durante la campaña de Donald Trump el año 2016.

«Comencé a seguirla y noté que utilizaba recursos narrativos en su discurso, apelando a determinados prejuicios de los potenciales votantes, alejándose de los datos», un tema del cual incluso escribió una columna en este medio.

«Desde entonces seguí de cerca y analicé, a través de columnas y en la TV, la campaña de Trump y el comienzo de su gobierno». Eso «terminó llevándome de manera natural al tema de la desinformación, particularmente, tras el juramento del mandatario, cuando una de sus exasesoras acuñó el término ‘alternative facts’. Eso hizo evidente que la desinformación sería un fenómeno a seguir observando».

Esto vino de la mano con el hecho de que, en 2017, asumió en la Facultad de Comunicaciones de la Universidad Católica un curso para enseñar a hacer fact checking a estudiantes de pregrado de Periodismo.

Creación de sitio

Este era un ejercicio que la Facultad venía haciendo desde el año 2013 y, al asumirlo, su meta personal fue que trascendiera de un mero ejercicio académico y se convirtiera en un proyecto periodístico que estuviese a disposición y en función de la ciudadanía. Ahí, creó el sitio web www.factchecking.cl.

Como profesor, comenzó a adentrarse cada vez más en el ecosistema de fact checking mundial, viajó a la conferencia mundial sobre el tema, Global Fact, a Sudáfrica, para conocer ese contexto, empezó a investigar y aprender cada vez más, y a escribir también artículos académicos y de divulgación al respecto.

Con esos antecedentes, cuando la desinformación o «fake news» empezaron a ser un tema en la agenda pública, empezó a través de charlas, material didáctico y apariciones en medios de comunicación a hacer divulgación para fortalecer a la ciudadanía contra las noticias falsas, explicando sus distinciones y prácticas. «Y no he parado», comenta.

Hitos

En la época reciente, principalmente se hacía verificación de las afirmaciones de los presidentes durante las cuentas públicas presidenciales. A Núñez le tocó trabajar en la verificación de la última de Michelle Bachelet, para la que estableció una alianza de distribución del contenido con T13.cl. Ese trabajo fue finalista del Premio Periodismo de Excelencia en la categoría especial digital.

También hubo otros hitos: a partir de una experiencia inédita, en que reunieron a estudiantes de pregrado de Periodismo con estudiantes de diferentes disciplinas científicas para hacer verificaciones de contenido viral sobre el COVID-19, el sitio de Núñez fue destacado por la Fundación Gabo como un caso de innovación periodística.

Asimismo, después de ‘El Polígrafo’ de El Mercurio y ‘Chilecheck’ de CNN Chile, fue el tercer proyecto chileno en integrar el censo mundial de proyectos de fact checking creado por el Duke Reporters Lab, y actualmente colabora con ellos, para mantenerlos al tanto del estado de los proyectos de verificación en Chile.

Por otro lado, Núñez y su equipo fueron organizadores de la primera experiencia de fact checking colaborativo en Chile, junto a otros 4 proyectos, para la Cuenta Pública Presidencial 2020. Esa experiencia fue presentada en el Congreso del Centro de Estudios sobre Medios y Sociedad en Argentina (MESO) este año.

Finalmente, hoy además colabora con el Consejo para la Transparencia en una mesa que se está conformando sobre desinformación, y está trabajando con diferentes proyectos chilenos de fact checking, como FactCheckingCuentaPublica.cl; participa en un proyecto de investigación de la Universidad de Vigo en España, sobre el fact checking en Iberoamérica; y en otro proyecto europeo The Media for Democracy Monitor, donde actualmente trabaja junto a investigadores de otros países en un capítulo de libro sobre el estado de la desinformación.





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