Capitolio

El asalto al Capitolio – La Tercera

Duna

El asalto al Capitolio – La Tercera

Cuando la United Press absorbió a la International News Service, de la que mi padre había sido gerente por varios años en Lima, mis padres partieron a Estados Unidos, un país que él admiraba sobre todas las cosas: la frase, o filosofía, del hombre que se hacía solo -”the self-made man”- se la oí repetir mil veces los años que viví con él.

No les fue bien. Lo supe muchos años después, porque cuando invitábamos a mi madre a Europa, donde yo vivía desde hacía algunos años, ella era muy discreta y nos ocultaba el vagabundeo que había tenido con mi padre, de Nueva York a Chicago y finalmente a Los Angeles, con empleos cada vez más mediocres, hasta trabajar allí, primero en una fábrica y finalmente cuidando una sinagoga. En la familia siempre creíamos que mi madre detestaba la vida americana y que se había resignado a vivir allí por mi padre, a quien amaba casi tanto como él a Estados Unidos. Por eso, cuando mi padre murió, que ella decidiera volver a Los Angeles nos dejó desconcertados. Y, sobre todo a mí, que decidiera adquirir la nacionalidad estadounidense, algo que él nunca quiso hacer. Fui a verla a Los Angeles, donde vivía sola, en un departamentito minúsculo en el centro de la ciudad. Estaba muy contenta de haber pasado el examen, en inglés, y me mostró orgullosa su pasaporte norteamericano. Años después, cuando estuvo ya muy viejecita para vivir sola, volvió al Perú y dejó instrucciones de que, a su muerte, devolviéramos a la embajada de EE.UU. el pasaporte, cosa que cumplimos rigurosamente.

Me he preguntado mucho estos días qué hubiera dicho mi madre sobre el asalto al Capitolio que protagonizaron el 6 de enero, luego de escuchar su frenético discurso, los partidarios de Donald Trump que invadieron el Congreso, pasearon por sus salones, y pegaron algunos tiros (hubo cinco muertos), a la manera más típicamente sudamericana. Se hubiera indignado, por supuesto. Ella admiraba en Estados Unidos lo que no había en el Perú: el respeto a la legalidad, a la prensa libre, a la pureza de las elecciones. Jamás entendió mi entusiasmo por Ronald Reagan: ella votaba a los demócratas porque, a su parecer, los republicanos siempre fueron “el partido de los ricos”, a pesar de Lincoln y de Jefferson.

En un excelente artículo (pero algo apocalíptico) que apareció en The New York Times el 9 de este mes, “The American Abyss”, el profesor de historia de la Universidad de Yale, Timothy Snyder, acusa al presidente Trump de ser un fascista y a los asaltantes del Capitolio los compara con los hitlerianos que creían que Alemania había perdido la Primera Guerra Mundial porque “los judíos le clavaron un puñal en la espalda”, como les recordaba Hitler en sus discursos. Yo creo que exagera y que las locuras y demagogias de Trump no significan el progreso del fascismo y el nazismo en EE.UU., sino muestran lo precarias que son las democracias en el mundo de hoy, incluso en los países que, como EE.UU., no han conocido dictaduras en su historia y han vivido siempre en libertad. Son muy pocos.

No hay duda, por otra parte, de que la elección de Trump en 2016 fue una verdadera catástrofe para EE.UU. Rebajó a este país a la condición de una nación tercermundista por la cantidad de mentiras que propaló desde la Casa Blanca, la inestabilidad institucional que propició y que no había conocido en toda su historia, y, sobre todo en la última elección, con su enloquecida propaganda de que había habido una “trampa monstruosa” que dio la victoria a su adversario, algo que ninguna jurisdicción legal, ni demócrata ni republicana, amparó, salvo sus dementes partidarios, un puñado de los que, precisamente, asaltaron el Capitolio hace una semana.

El fascismo es el racismo, la demagogia, el espíritu guerrero, el nacionalismo frenético, y Estados Unidos, aunque sobrevivan prejuicios raciales en la comunidad blanca, por la variedad de razas, religiones y culturas que lo habitan y que han forjado la grandeza americana, no puede ser fascista en contra de todas sus leyes y costumbres. Lo que no impide, por supuesto, que haya gente allá estúpida, pero, acaso, debido a aquella legalidad de que estaba tan orgullosa mi madre y que la inmensa mayoría de los norteamericanos respeta, más que en otras partes, haya menos que entre los que han vivido siempre rodeados de la brutalidad política. Por lo menos 170 de los asaltantes al Capitolio han sido detenidos y setenta de ellos ya están enjuiciados. Esto no quita que la demagogia desalada que Trump vertió desde la Casa Blanca en todos estos años haya elevado el resentimiento y la división social y racial a unos extremos que EE.UU. desconocía. Y no será fácil que se restauren las buenas relaciones del país con sus aliados tradicionales, algo que Trump destrozó desde el poder, declarando, nada más asumir la presidencia, entre otras barbaridades, que la figura que más admiraba como estadista en el mundo de hoy era Vladimir Putin, es decir, otro demagogo y mentiroso como él mismo.

He estado muchas veces en EE.UU. y admiro mucho ese país, por las razones que lo admiraba mi madre, aunque también admito las que prefería mi padre. Creo que allí la democracia siempre ha funcionado, y que ella ha ido perfeccionándose con el paso de los años y perfeccionando a la sociedad gracias a las constantes reformas, y que se trata de un país verdaderamente libre, uno de los más libres del mundo, como lo descubren y empiezan a vivir en consonancia, en el respeto a sus leyes, esos millones de inmigrantes que lo han construido y a los que en buena parte debe sus altos niveles de vida y su poderío militar.

Esas cosas, como el amor a la libertad, no se destruyen de la noche a la mañana con la demagogia de ese triste personaje que ha ocupado la presidencia del país en estos años. Por eso es tan importante que triunfe el proceso de impeachment (destitución) que han iniciado los demócratas en la Cámara baja, que dominan por treinta y cinco votos, y los diez republicanos que se han sumado a ellos. Lo que impediría a Trump ser candidato en las próximas elecciones, pues, incluso sólo como candidato, volvería a hacer daño, repartiendo, a manos llenas, como lo ha hecho esta vez, el resentimiento y las mentiras que mucha gente ingenua y poco preparada se tragó.

Una última reflexión sobre la democracia. Como ha demostrado Donald Trump, todas -sí, todas, hasta las que creíamos las más antiguas y sólidas- son precarias. ¿El triunfo de Boris Johnson en Inglaterra no lo ha demostrado acaso? Que haya un voto libre no significa que los ciudadanos siempre voten bien. Muy a menudo votan mal y eligen no lo mejor sino lo peor. Quizás esa sea la mejor enseñanza que nos ha dejado Trump. Los norteamericanos eligieron mal -votaron más contra la señora Clinton que a favor de Trump- y eso ha sido una tragedia para EE.UU. Pero, no hay duda, sobre todo después del asalto al Capitolio, que llevará a muchos a reflexionar, el país se reconstruirá desde esos abismos en los que lo ha hundido Trump, y volverá a ser lo que fue hasta el año 2016: el líder de los países libres, que salvó al mundo entero de caer en brazos de Hitler y luego de Stalin, y que, aunque haya cometido desafueros y abusos en su historia, en América Latina sobre todo, está siempre allí, como una esperanza para aquellos -y son muchos millones- que en el mundo de hoy siguen soñando con la libertad, no sólo de leer en un periódico y escuchar en la televisión las críticas al gobierno de turno, sino de poder decidir su vida de acuerdo a sus propias convicciones, y de labrarse un porvenir gracias a su esfuerzo. Tal como han ocurrido las cosas, hay sitio todavía para la esperanza.



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Asalto al Capitolio: cómo las redes sociales silenciaron a Trump (y el debate sobre la libertad de expresión que se generó)

Asalto al Capitolio: cómo las redes sociales silenciaron a Trump (y el debate sobre la libertad de expresión que se generó)

  • Arturo Wallace
  • BBC News Mundo

Pie de foto,

Twitter suspendió indefinidamente la cuenta de Trump. Y no fueron los únicos.

El cierre de la cuenta de Twitter de Donald Trump después de que partidarios del presidente asaltaran el Capitolio el 6 de enero fue celebrada por unos y denunciada por otros.

Y, como cabe esperar, entre los críticos de la decisión abundan los seguidores del presidente estadounidense. Pero estos no son los únicos que han hecho sonar voces de alarma.

La canciller Ángela Merkel -a quien nadie describiría como cercana a Trump- se refirió a la medida como «problemática» por limitar «el derecho fundamental a la libre expresión» de su colega norteamericano.

Mientras que el activista ruso Alexei Navalny recurrió al mismo Twitter para denunciarla como «un acto inaceptable de censura», en un ejemplo de la preocupación que la medida ha generado entre algunos defensores de la libertad de expresión, especialmente en países donde la misma no está garantizada.



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Trump califica de “absolutamente ridículo” el juicio polítco en su contra tras el asalto al Capitolio

Trump califica de “absolutamente ridículo” el juicio polítco en su contra tras el asalto al Capitolio

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, negó este martes (12.01.2021) que su discurso la semana pasada ante miles de simpatizantes, a quienes alentó a marchar hacia el Congreso con el mensaje de que le robaron la reelección, tuviera algo que ver con la violencia que estalló poco después.

«Analizaron mi discurso, mis palabras y mi párrafo final, mi oración final, y todos pensaron que era totalmente apropiado», dijo Trump a periodistas antes de emprender un viaje a Texas.

Procedimiento de juicio político «absolutamente ridículo»

Trump también consideró este martes «absolutamente ridículo» la presentación de un juicio político en su contra tras la toma del Capitolio por sus seguidores y dijo que el procedimiento está causando «una inmensa ira» entre sus partidarios.

Antes de partir a Texas, el mandatario republicano calificó su probable acusación por los demócratas de la Cámara de Representantes, que será examinada el miércoles, como una «continuación de la mayor caza de brujas en la historia de la política» y dejó en claro que no quería «ninguna violencia».

Restricciones de redes sociales es un «error catastrófico»

Asimismo, Trump afirmó que los gigantes de las redes sociales como Twitter y Facebook cometieron un «error catastrófico» al suspenderle sus cuentas y acusarlo de incitar a la violencia antes de que sus partidarios tomaran el Congreso.

«Están cometiendo un error catastrófico (… ) Están dividiendo y dividiendo y están mostrando algo que he estado prediciendo durante mucho tiempo», dijo Trump a los periodistas antes de abordar el Air Force One hacia Texas.





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Asalto al Capitolio: «Uno de los grandes problemas es la idea de que Estados Unidos es un país excepcional»

Asalto al Capitolio: «Uno de los grandes problemas es la idea de que Estados Unidos es un país excepcional»

  • Patricia Sulbarán Lovera
  • BBC News Mundo

Pie de foto,

Tras el asalto al Capitolio, la sede del Congreso de EE.UU. está fuertemente custodiada por las fuerzas de seguridad.

Un Capitolio fuertemente cercado y custodiado por la Guardia Nacional en los días finales de la presidencia de Donald Trump.

Es la imagen que le llega al mundo del corazón político de Estados Unidos, cuya democracia es considerada la más vieja del mundo.

Después del asalto a la sede del Congreso, el pasado 6 de enero en Washington D.C., por una turba de seguidores del presidente, Donald Trump, la capital ha recurrido a una vigilancia fuerte que pueda parar cualquier brote violento.

Con Trump negándose a asistir a la toma de posesión de Joe Biden, el FBI buscando a los responsables de invadir el Capitolio y la Cámara de Representantes presionando al vicepresidente para provocar la renuncia de Trump, Estados Unidos parece sumido en la crisis.



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Asalto al Capitolio: Los 65 días que desembocaron en el caos en Washington

Asalto al Capitolio: Los 65 días que desembocaron en el caos en Washington

A muchos les sorprendió, pero lo cierto es que quienes siguen la actividad en internet de los grupos extremistas y los convencidos de las teorías de la conspiración, las señales inquietantes eran evidentes hacía tiempo.

Eran las 02.21, hora de la costa este de Estados Unidos, de la noche de las elecciones cuando el presidente, Donald Trump, se subió a un atril en la Casa Blanca y se declaró ganador.

«Estábamos preparándonos para ganar esta elección. Francamente, ganamos esta elección».

Su discurso llegó una hora después de uno de sus trinos: «Están intentando robar la elección».

No había ganado. Ni había, por tanto, ninguna victoria que robar. Pero para muchos de sus más acérrimos seguidores, ese hecho no importaba, y sigue sin importar.

65 días después, una variopinta masa de alborotadores asaltó el Capitolio de Washington, sede del Congreso de Estados Unidos. Entre ellos, convencidos de las teorías conspiratorias de QAnon, miembros de la plataforma «Detengan el Robo», activistas de extrema derecha, troles…

El 8 de enero, unas 48 horas después de los altercados en Washington, Twitter comenzó a purgar las cuentas de algunos de los seguidores más influyentes de Trump, que habían estado difundiendo teorías conspiratorias y animando a las acciones directas para revertir la victoria de Joe Biden en las elecciones.

Entonces vino el pez grande: el propio Trump.

El presidente fue expulsado permanentemente de Twitter debido al «riesgo de más incitación a la violencia» y se quedó sin poder lanzar sus mensajes a os que tenía acostumbrados a los más de 88 millones de seguidores de su cuenta.

La violencia en Washington causó impacto mundial y pareció sorprender a las autoridades con la guardia baja.

Pero a nadie que hubiera estados siguiendo la historia, en internet y en las calles de las ciudades estadounidenses, le tomó por sorpresa.

El presidente estuvo sembrando la idea de una elección amañada en sus discursos y en Twitter desde meses antes de que los ciudadanos acudieran a las urnas.

El día de la elección los rumores se dispararon.

El video de un observador electoral republicano al que se le negaba la entrada en un centro de votación de Filadelfia se volvió viral.

En realidad, fue un error provocado por la confusión en torno a las normas. Al hombre se le permitió más tarde la entrada al recinto para ver cómo se realizaba el recuento.

Pero se convirtió en el primero de muchos videos, imágenes, gráficos y mensajes que se volvieron virales en los días posteriores y que le dieron vuelo a la etiqueta #StopTheSteal (ParenelRobo, en español).

El mensaje subyacente estaba claro. Trump había logrado una abrumadora victoria, pero fuerzas oscuras en los poderes establecidos y en el «Estado profundo» se la habían arrebatado.

En las primeras horas del 4 de noviembre, mientras aún se contaban papeletas y tres días antes de que los medios estadounidenses dieran por ganador a Biden, Trump proclamó su victoria, denunciando «un fraude al público estadounidense».

No ofreció ninguna prueba. Diversos estudios han mostrado que el fraude electoral en el país es residual.

A mitad de la tarde, se creó un grupo de Facebook llamado «Paren el Robo», que se convirtió en uno de los de más rápido crecimiento en la historia de la red social. El jueves por la mañana ya tenía 300.000 miembros.

Muchos de los mensajes publicados en él se centraban en denuncias no probadas de fraude electoral masivo, incluidos relatos fabricados que afirmaban que habían aparecido votos de miles de personas muertas y las máquinas de votación habían sido trucadas para atribuirle a Biden los votos de Trump.

Otros eran aún más alarmantes. Abogaban directamente por una «guerra civil» o una «revolución».

El jueves por la tarde, Facebook había cerrado el grupo, pero este ya había generado casi medio millón de reacciones y comentarios.

Pronto otros grupos brotaron en su lugar.

La idea de que la elección había sido un robo siguió diseminándose por internet. Al poco tiempo se lazó una página web titulada «Paren el Robo» con el objetivo de enrolar «botas sobre el terreno para proteger la integridad de la votación».

El sábado 7 de noviembre, los principales medios de comunicación del país declararon a Biden como ganador.

En los feudos demócratas, grupos de personas se echaron a la calle para celebrar la victoria. Desde las redes, el bando de Trump reaccionó enojado y desafiante.

Los seguidores del presidente planearon una manifestación en Washington para el sábado siguiente, a la que bautizaron como la «Marcha del Millón MAGA», por el acrónimo del lema de campaña de Trump: «Make America Great Again» (Hagamos a América Grande de Nuevo, en español).

Trump trinó que quizá se pasara por allí a «saludar».

Las concentraciones de seguidores del presidente anteriormente convocadas en Washington no habían atraído a grandes multitudes. Pero aquella mañana soleada se reunieron miles en la Freedom Plaza de la capital del país.

Brian Levin, investigador del fenómeno del extremismo en Estados Unidos, lo bautizó como «el estreno de la insurgencia pro Trump».

La caravana motorizada del presidente pasó junto a los concentrados, que gritaban encantados y buscaban ver aunque fuera de lejos a Trump, que les sonreía desde la limusina cubierto con una gorra roja de MAGA.

Aunque algunas de las caras destacadas del conservadurismo republicano estaban presentes, los grupos de extrema derecha predominaron en el evento.

Docenas de miembros del grupo extremista y antiinmigrantes «Proud Boys» («Chicos Orgullosos», en español), formado exclusivamente por hombres, que se han visto envueltos en numerosos incidentes y participarían en el posterior asalto al Capitolio, no se perdieron la marcha.

Milicias de ultraderecha y defensores de las teorías de la conspiración también estaban allí.

Al ponerse el sol, comenzaron los choques entre partidarios y detractores de Trump, incluidos forcejeos a solo cinco cuadras de la Casa Blanca.

La policía logró esta vez minimizar la violencia, pero era un claro indicio de lo que estaba por venir.

Hasta ahora, Trump y su equipo legal habían depositado sus esperanzas en las docenas de recursos que habían presentado ante los tribunales.

Trino de Trump.

Trump siguió insistiendo en sus denuncias de irregularidades que los tribunales desestimaron.

Aunque muchas de las denuncias de irregularidades ya habían sido desestimadas, muchos en el mundo virtual pro Trump quedaron fascinados por la figura de dos abogados cercanos al presidente: Sidney Powell y L. Lin Wood.

Powell y Wood prometieron que prepararían un caso tan sólido de irregularidades electorales que destruirían cualquier argumento a favor de la tesis de que Biden había ganado la presidencia.

Powell, de 65 años, activista conservador y fiscal federal retirado, le dijo a Fox News que sus esfuerzos «liberarían al Kraken», en alusión a un gigantesco monstruo marino del folklore escandinavo que, según la tradición, surge de las aguas del océano para devorar a sus enemigos.

El Kraken pronto se convirtió en un meme, representado esparciendo denuncias no probadas de fraude.

Los dos abogados se convirtieron en héroes para los seguidores de las teorías conspiratorias de QAnon, que creen que Trump y un equipo secreto de inteligencia militar combaten a un «estado profundo» formado en Washington por adoradores del Diablo y pedófilos procedentes del Partido Demócrata, los medios, el mundo de los negocios y Hollywood.

Powell y Wood hicieron de conexión entre el presidente y sus seguidores más inclinados hacia las teorías de la conspiración, muchos de los cuales acabaron participando en los sucesos del Capitolio el 6 de enero.

Pero Powell y Wood no tuvieron tanto éxito en los tribunales como atizando ruido y furia en la red, y sus iniciativas judiciales quedaron en nada.

Cuando a finales de noviembre publicaron su dossier de 200 páginas quedó claro que su demanda consistía sobre todo en teorías de la conspiración y denuncias que ya habían sido rechazadas en numerosas instancias judiciales.

Los escritos contenían además errores legales básicos, faltas de ortografía y erratas.

Aún así, el meme que habían ayudado a crear siguió con vida. Los términos «Kraken» y «Liberen al Kraken» fueron mencionados en Twitter más de un millón de veces antes del asalto al Congreso.

A medida que se acumulaban los reveses judiciales, los activistas de extrema derecha empezaron a señalar cada vez más a las autoridades y empleados del sistema electoral.

Un empleado de Georgia recibió amenazas de muerte, e incluso funcionarios republicanos encargados de velar por el proceso electoral en el estado fueron etiquetados como «traidores» en foros digitales, como le sucedió al gobernador, Brian Kemp, y al secretario de Estado, Brad Raffensperger.

Gabriel Sterling, el funcionario a cargo de las máquinas y sistemas de votación en Georgia, le lanzó una sentida y premonitoria petición al presidente en una rueda de prensa el 1 de diciembre.

«Alguien va a salir lastimado, a alguien le van a disparar, a alguien le van a matar y no está bien», advirtió Sterling entonces.

En Detroit, Michigan, a comienzos de diciembre, la secretaria de Estado, la demócrata Jocelyn Benson, acaba de terminar de arreglar el árbol de Navidad con su hijo de cuatro años cuando oyó un alboroto afuera de su casa.

Unos 30 manifestantes se habían congregado allí con pancartas, gritando con megáfonos la conocida consigna: «Paren el robo».

«Benson, eres una amenaza para la democracia», gritaba uno de ellos. Uno de los participantes lo emitió todo en vivo por Facebook advirtiendo de que no se marcharían del lugar.

Fue solo una más en el estallido de protestas contra las personas implicadas en la votación.

En Georgia, un flujo constante de partidarios de Trump pasaba en auto frente a la casa de Raffensperger. Su mujer recibió amenazas de violencia sexual.

En Arizona, los manifestantes se reunieron frente a la casa de la secretaria de Estado, la demócrata Katie Hobbs. «Te estamos observando», llegaron a advertirle.

El 11 de diciembre, el Tribunal Supremo rechazó un intento del estado de Texas de invalidar los resultados de las elecciones.

Cuanto más se le cerraban los caminos políticos y legales al presidente, más violento se volvía el lenguaje de sus partidarios en las redes.

El 12 de diciembre, Washington vivió una segunda concentración bajo el lema «Paren el Robo». De nuevo, miles de personas acudieron, incluyendo destacados activistas de extrema derecha, seguidores de QAnon, grupos MAGA y grupos paramilitares.

Michael Flynn, ex consejero de Seguridad Nacional de Trump, equiparó a los concentrados con los soldados y sacerdotes que derribaron los muros de la bíblica Jericó.

Se hacía así eco de la llamada de los organizadores a que «Marchas de Jericó» revirtieran la victoria de Biden.

Nick Fuentes, líder de Groypers, un grupo ultra que tiene como objetivo de sus ataques a figuras republicanas a las que identifica como demasiado moderadas se dirigió a la multitud: «¡Vamos a destruir el Partido Republicano!».

Una vez más, la manifestación acabó en violencia.

Dos días después, el Colegio Electoral certificó el triunfo de Biden, completando así uno de los últimos trámites requeridos para que el candidato demócrata asuma la presidencia.

En los foros digitales, los seguidores de Trump se resignaban a que todas las vías legales habían llegado a un punto muerto y a que solo la acción directa podía salvar su presidencia.

Desde el día de las elecciones, junto a Flynn, Powell y Wood, una nueva figura había ganado rápidamente presencia entre los seguidores digitales de Trump.

Ron Watkins es el hijo de Jim Watkins, el hombre detrás de 8chan y 8kun, plataformas de mensajes llenas de ideas radicales, violencia y contenido sexual extremo. Fue el origen del movimiento QAnon.

El 17 de diciembre, en una serie de videos virales, Ron Watkins sugirió que Trump siguiera el ejemplo del líder de la antigua Roma Julio César, y capitalizara la «fiera lealtad del Ejército» para «restaurar la República».

Watkins animaba a sus más de 500.000 seguidores a hacer tendencia en Twiter la etiqueta, #CruzarElRubicón, en alusión al río que cruzó Julio César al lanzarse sobre Roma dando inicio a una guerra civil en el 498 a. C.

Figuras destacadas usaron la etiqueta, como Kelli Ward, presidenta del Partido Republicano en Arizona.

En otro trino, Watkins abogó por que Trump invocará la Ley de Insurreción, que le da al presidente poderes para desplegar al Ejército y otras fuerzas federales.

Trump se reunió con Powell, Flynn y otros en un comité de estrategia en la Casa Blanca el 18 de diciembre.

De acuerdo con el «New York Times», Flynn le pidió a Trump que impusiera la ley marcial y desplegara a los militares para volver a celebrar la elección.

La reunión atizó de nuevo los comentarios sobre «guerra» y «revolución» en círculos ultras. En muchos se empezaba a ver la reunión del Congreso el 6 de enero —en condiciones normales, una mera formalidad— como una última oportunidad.

Un deseo empezó a arraigar entre los seguidores de QAnon y Trump. Esperaban que el vicepresidente, Mike Pence, que presidiría la ceremonia, ignorara los votos del Colegio Electoral y mantuviera con vida la presidencia de Trump.

El presidente, decían, desplegaría entonces al Ejército para aplastar cualquier desorden, ordenaría la detención de la «camarilla del Estado profundo» que había amañado la elección y los enviaría a la cárcel militar de la Bahía de Guantánamo.

De vuelta en el terreno de la realidad, nada de esto era en absoluto factible, pero sirvió para lanzar «caravanas patrióticas», con las que miles se organizaron en autos compartidos para llegar hasta Washington el 6 de enero desde diversos lugares del país.

Caravana de seguidores de Trump en California.

Caravanas de seguidores de Trump partieron hacia Washington desde diversos lugares del país, como esta de California. FUENTE DE LA IMAGEN: GETTY IMAGES

Largas caravanas de vehículos ondeando banderas de Trump y, a veces, remolques cubiertos por mercadotecnia de la campaña se reunieron en estacionamientos en Louisville (Kentucky), Atlanta (Georgia) y Scranton (Pensilvania).

«Estamos de camino», publicó en Twitter uno de los participantes, junto con otros compañeros de viaje.

En el estacionamiento de un almacén de Ikea en Carolina del Norte, otro hombre presumía de su camión. «Las banderas están un poco deshilachadas ya. Las llamaremos banderas de batalla», dijo.

Cuando fue quedando claro que Pence y otros líderes republicanos cumplirían con la ley y el Congreso certificaría la victoria de Biden, los comentarios hacia ellos se tornaron despiadados.

«Pence aguardará en la cárcel a que lo juzguen por traición», se leía en uno de los trinos. «Será ejecutado por un pelotón de fusilamiento», añadía.

La discusión en línea llegó a su punto álgido. Redes sociales autodefinidas como de «libre expresión», como Gab y Parler, muy populares entre los seguidores de Trump, así como otros espacios digitales, se llenaron de referencias a las armas de fuego, la guerra y la violencia.

En los grupos de los Proud Boys, en los que habitualmente se solía ensalzar a la policía, algunos se volvieron contra las autoridades que los habían decepcionado por no mantenerse de su lado.

Cientos de publicaciones en «TheDonald», un popular sitio pro Trump, discutían abiertamente la posibilidad de levantar barricadas, y llevar armas de fuego y de otro tipo a la marcha, en claro desafío a las estrictas leyes sobre tenencia de armamento de Washington.

También se habló de asaltar el Congreso y arrestar a sus miembros «traidores».

El miércoles 6 de enero, Trump se dirigió durante más de una hora a una multitud de seguidores en el Ellipse, un parque justo al sur de la Casa Blanca.

Antes había animado a sus simpatizantes a «hacer oír sus voces pacífica y patrióticamente», pero terminó su intervención con una advertencia. «Luchamos como en el infierno y si no luchan como en el infierno ya nunca más tendrán un país».

«Así que vamos a bajar por la Avenida Pensilvania… y vamos al Capitolio».

Un seguidor de Trump en el Capitolio.

Trump animó a sus simpatizantes a acudir al Capitolio. FUENTE DE LA IMAGEN: REX FEATURES

Para muchos observadores el potencial violento de aquella jornada estaba claro desde el principio.

Michael Chertoff, antiguo secretario de Seguridad Interior con el presidente George W. Bush, culpó a la Policía del Capitolio, que según algunas informaciones habría rechazado la oferta de apoyo recibida antes de la Guardia Nacional, un cuerpo mucho más numeroso. Para Chertoff, se trató del «peor fracaso de una fuerza policial imaginable».

Chertoff dijo: «Para ser franco, era obvio. Si leías el periódico y estabas despierto, comprendías que había mucha gente que estaba convencida de que hubo una elección fraudulenta. Algunos de ellos son extremistas y violentos. Algunos de los grupos dijeron abiertamente: ‘Traigan sus armas».

Aún así, muchos estadounidenses quedaron perplejos por las escenas del miércoles. Es el caso de James Clark, un republicano de 68 años de Virginia.

«Lo encuentro absolutamente impactante. No pensé que llegaría a eso», le dijo a la BBC.

Pero las señales estaban ahí hacía semanas. Una mezcla de grupos extremistas y creyentes de la teorías conspiratorias estaban convencidos de que les habían robado la elección y hablaban reiteradamente en la red de armarse y de recurrir a la violencia.

Quizá las autoridades no pensaron que sus publicaciones en la red eran lo bastante serias o específicas como para ser investigadas. Ahora se ven cuestionadas.

Para la inauguración de la presidencia de Biden el próximo 20 de enero, Chertoff espera «una exhibición mucho más fuerte» de los servicios de seguridad que la del pasado miércoles.

Pero eso no ha detenido a muchos de los que llaman en la red a más violencia y a boicotear la toma de posesión de Biden.

También han quedado en cuestión las grandes plataformas de redes sociales, que posibilitaron que las teorías conspiratorias llegaran a millones de personas.

El pasado viernes Twitter eliminó las cuentas de Flynn, el antiguo asesor de Trump, los abogados Powell y Wood, y Watkins. Luego, la del propio Trump.

Las detenciones de los participantes en el asalto al Capitolio continúan. Pero la mayoría de los alborotadores aún viven en una realidad digital paralela, un mundo subterráneo lleno de «hechos alternativos».

Ya han surgido en ella caprichosas explicaciones alternativas para rechazar el video publicado en Twitter por Trump el día después de los incidentes, en el que reconoció por primera vez que «una nueva administración será inaugurada el 20 de enero».

Muchos creen que es imposible que Trump tire la toalla. Entre las nuevas teorías circula la de que el hombre del video en realidad no es él, sino un impostor creado por ordenador, o la de que quizá el presidente esté retenido como rehén.

Muchos aún creen que Trump terminará por imponerse.

No hay ninguna prueba de nada de esto, pero algo ha quedado claro. No importa lo que suceda con Donald Trump; los alborotadores que asaltaron el Capitolio no piensan darse por vencidos pronto.





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Alemania refuerza la seguridad en el Bundestag tras el asalto al Capitolio de EEUU

Alemania refuerza la seguridad en el Bundestag tras el asalto al Capitolio de EEUU

Alemania refuerza la seguridad en el Bundestag tras el asalto al Capitolio de EEUU



Alemania va a elevar las medidas de seguridad en su distrito gubernamental tras el asalto al Capitolio estadounidense y los recientes incidentes en Berlín, en los que un grupo de ultraderechistas trató de irrumpir en el Reichstag, principal edificio del parlamento.

El presidente del Bundestag (cámara baja), Wolfgang Schäuble, explicó en una carta a los parlamentarios alemanes que «la Policía de Berlín ha dispuesto un refuerzo de sus fuerzas en el entorno del edificio del Reichstag«, según publica este domingo el diario Bild.

El estado federado de Berlín junto al Gobierno federal tienen ahora previsto estudiar «qué conclusiones de esto se pueden extraer para la seguridad del Bundestag», explica en la misiva Schäuble, que añade que recibió un informe del Ministerio de Asuntos Exteriores con lo sucedido en el Capitolio.

Un portavoz de la Policía de Berlín ya había avanzado este jueves que, a consecuencia del asalto a la sede del Legislativo en Estados Unidos, estaban «ajustando» la seguridad en los principales edificios gubernamentales de Berlín y en torno a la adyacente embajada estadounidense.

A los incidentes de esta semana en la capital de Estados Unidos, en los que decenas de seguidores del presidente Donald Trump irrumpieron violentamente en la sede del Legislativo, se suma lo sucedido este verano en Berlín.

El 29 de agosto del año pasado unos 200 ultraderechistas amagaron con asaltar el Reichstag tras una marcha contra las restricciones impuestas por la pandemia que congregó a unas 30.000 personas.

Las escenas, que evidenciaron las fallas de seguridad en la sede del Legislativo alemán, causaron una intensa polémica en Alemania por el simbolismo de un edificio histórico que ya quemaron los nazis en 1933 para asentarse en el poder.


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EEUU: Autoridades comienzan a arrestar a los asaltantes del Capitolio

EEUU: Autoridades comienzan a arrestar a los asaltantes del Capitolio

EEUU: Autoridades comienzan a arrestar a los asaltantes del Capitolio



Las autoridades de EE.UU. comenzaron este fin de semana las detenciones de participantes en el asalto al Capitolio, mientras los demócratas del Congreso detallan sus planes para iniciar el lunes el proceso para un segundo juicio político al presidente saliente, Donald Trump.

Uno de los primeros detenidos fue Richard Barnett, el hombre que en el asalto al Congreso de EE.UU. del miércoles entró y se hizo fotografías en la oficina de la presidenta de la Cámara Baja, Nancy Pelosi, y quien fue aprehendido en Arkansas.

Barnett, ha sido acusado de entrada ilegal y violenta a un edificio restringido, así como conducta desordenada en el Capitolio y robar propiedad pública, por el correo de la legisladora que presuntamente se llevó después de haber posado para los fotógrafos.

Asimismo, fueron arrestados Adam Christian Johnson, a quien se vio en las imágenes cargando con el atril de Pelosi en pleno asalto al Congreso; y Jake Angeli, un miembro del movimiento de teorías de la conspiración Qanon que se hace llamar «Yellowstone Wolf» en su canal de YouTube, en Florida y Arizona, respectivamente.

Insurrección

Pelosi aseguró este viernes en una carta a sus colegas que iniciaría el proceso de juicio político («impeachment») si Trump no dimitía de forma «inmediata», algo que parece muy improbable.

Los demócratas prevén acusar al actual mandatario de «incitar una insurrección» por su responsabilidad en el asalto al Capitolio.

El lunes es cuando planean presentar su cargo contra Trump y votar en el pleno para acusarle formalmente de ello a mediados de la próxima semana, pero bajo el sistema estadounidense, es el Senado quien debe encargarse de desarrollar el juicio político, algo poco probable.

A la propuesta se sumó Lisa Murkowski, de Alaska, la primera senadora republicana en pedir la dimisión del presidente saliente al que se acusa de haber instigado el asalto al Capitolio del pasado miércoles, que dejó cinco muertos.

«Quiero que renuncie. Lo quiero fuera. Ha causado bastante daño«, dijo Murkowski en una entrevista con el diario Anchorage Daily News en relación al asalto violento de los seguidores de Trump al Congreso para interrumpir una sesión en la que los legisladores iban a certificar la victoria electoral del demócrata Joe Biden.

El borrador redactado por los demócratas pide su destitución y su «descalificación para ocupar y disfrutar de cualquier cargo de honor, confianza o beneficio bajo los Estados Unidos«.

La bancada progresista confía en que ese punto les ayude a convencer a algunos republicanos en el Senado que se plantean presentarse a las elecciones presidenciales de 2024 y que ven a Trump como un posible rival en esa carrera, según el diario Politico.

Incapacidad de Trump

Pelosi también ha dejado abierta la opción de impulsar un proyecto de ley que crearía una comisión para ayudar a decidir si un presidente es «capaz» de gobernar, pero destituir a Trump por esa vía requeriría el visto bueno del vicepresidente Mike Pence, que por ahora se ha negado a actuar.

La propuesta busca crear un nuevo mecanismo para cumplir lo establecido en la Enmienda 25 de la Constitución, que indica que el vicepresidente puede reemplazar al presidente si declara por escrito que ese mandatario «es incapaz» de desempeñar el cargo.

Para ello, el vicepresidente debe contar o bien con una mayoría del gabinete o bien de «otro tipo de órgano que el Congreso pueda crear mediante ley«, algo que ahora no existe y que el proyecto de ley busca crear, aunque esa medida no tendría efecto sin la complicidad de Pence.

Antes de que Twitter suspendiera definitivamente este viernes su cuenta personal, Trump anunció que no asistirá a la investidura de Biden, quien celebró esa decisión del mandatario saliente.

«Esta es una de las pocas cosas en las que él y yo hemos estado jamás de acuerdo. Es algo bueno, que no venga«, aseguró Biden.


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Baterista de System of a Down, defensor de Trump, da confuso mensaje tras invasión al Capitolio

Baterista de System of a Down, defensor de Trump, da confuso mensaje tras invasión al Capitolio

Baterista de System of a Down, defensor de Trump, da confuso mensaje tras invasión al Capitolio



El integrante de System of a Down, John Dolmayan, reaccionó a la invasión de seguidores de Donald Trump al Capitolio, aunque ha tenido confusas palabras para hablar de lo sucedido.

El baterista, oriundo de El Líbano, apoyó a mediados de 2020 la gestión de Trump, afirmando que es «el Presidente más atacado de toda la historia y así sigue siendo el mejor amigo de las minorías».

Ahora, Dolmayan criticó a los manifestantes que ingresaron al Capitolio. «Cualquier activismo de cualquier tipo debe y puede realizarse pacíficamente», partió diciendo el músico en Instagram.

«Nuestro país necesita un debate sensato y una mayor comprensión de los puntos de vista opuestos. Desafortunadamente, veo una división mayor en el futuro y una menor aceptación del pensamiento alternativo», agregó Dolmayan.

Sin embargo, hacia el final, el baterista pone en duda el triunfo de Joe Biden: «Si en realidad es Presidente, le deseo lo mejor a su presidencia y apoyaré al país en todo lo que pueda».




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[Audio] Arriagada alerta por el partido de Kast: No es lo mismo una derecha liberal que una de rasgos fascistoides

[Audio] Arriagada alerta por el partido de Kast: No es lo mismo una derecha liberal que una de rasgos fascistoides



Luego de la irrupción de sectores de ultraderecha en el Capitolio estadounidense, en El Primer Café, el ex ministro Genaro Arraigada (DC) advirtió que en Chile, el Partido Republicano de José Antonio Kast está «en un cuadro peligroso» similar al defender, por ejemplo, la dictadura de Augusto Pinochet. «Uno tiene que saber distinguir entre categorías de derecha: no es lo mismo una derecha más liberal, que una derecha de rasgos fascistoides», puntualizó.

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Muertos por asalto al Capitolio suben a cinco: Falleció un policía del Congreso

Muertos por asalto al Capitolio suben a cinco: Falleció un policía del Congreso

Muertos por asalto al Capitolio suben a cinco: Falleció un policía del Congreso



Un agente de la Policía del Capitolio, que resultó herido durante el asalto al Congreso de EEUU, falleció este jueves después de más de 24 horas de convalecencia, lo que eleva a 5 el número de muertos relacionados con el incidente.

La propia Policía del Capitolio confirmó a última hora la muerte del agente, identificado como Brian D. Sicknick, después de varias horas de confusión y rumores sobre el posible fallecimiento de un efectivo.

«Aproximadamente a las 9:30 de esta noche (5:30 en Chile hoy viernes), el agente de la Policía del Capitolio Brian D. Sicknick falleció debido a heridas que sufrió cuando estaba trabajando» en el asalto al Congreso, indicó un vocero de ese cuerpo policial en un comunicado.

Sicknick resultó herido «mientras se enfrentaba físicamente a los manifestantes» que invadieron el Congreso, y sufrió un «colapso» cuando volvió a su oficina, por lo que lo trasladaron al hospital, explica la nota.

El agente llevaba trabajando para la Policía del Capitolio desde 2008, según la institución, que añadió que está investigando lo ocurrido.

La confirmación oficial se produjo dos horas después de que la Policía del Capitolio desmintiera una información de la cadena CNN de que uno de sus agentes había muerto como consecuencia de las heridas sufridas durante el suceso de este miércoles.

Con la muerte de Sicknick, ya son cinco las personas que perdieron la vida durante esos incidentes, y los otros cuatro fallecidos identificados son manifestantes: Ashli Babbitt, una mujer de 35 años residente en San Diego (California, EEUU); Benjamin Phillips, de 50 años y de Ri (Pensilvania); Kevin Greeson, de 55 años, de Athens (Alabama); y Rosanne Boyland, de 34 años, de Kennesaw (Georgia).


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