Cultura

[Video] Intervención para meditar en el río Mapocho es protagonista de Santiago a Mil

[Video] Intervención para meditar en el río Mapocho es protagonista de Santiago a Mil



Hace más de 50 años, el emblemático río Mapocho, que recorre de este a oeste Santiago , funcionó como el sangriento escenario de numerosas ejecuciones acometidas a manos de militares durante la dictadura de Pinochet. La instalación «Río de sangre» del artista Iván Navarro, realiza un homenaje a estas víctimas en contexto del festival Santiago a Mil. A partir de este 12 de enero, la instalación permitirá el ingreso gratuito de una persona a la vez, con previa inscripción en santiagoamil.cl.

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Claudia Di Girolamo, Amparo Noguera y Catalina Saavedra vuelven a encarnar clásico de Radrigán

Claudia Di Girolamo, Amparo Noguera y Catalina Saavedra vuelven a encarnar clásico de Radrigán

Claudia Di Girolamo, Amparo Noguera y Catalina Saavedra vuelven a encarnar clásico de Radrigán



Treinta obras, seis estrenos, talleres y radioteatro contempla la actual edición 2021 del festival Quilicura Teatro Juan Radrigán, que ya contabiliza más de 2.000 visualizaciones en sus primeros días de realización, en esta inédita versión virtual.

«No dudamos en adaptar nuestro festival, lo transformamos en digital y hoy estamos ofreciendo nuevamente una cartelera de primer nivel, con radioteatro, talleres y muchos panoramas gratuitos, que no sólo podrán disfrutar en Quilicura, sino que será abierto a todo Chile. En Quilicura creemos que el arte es fundamental para el desarrollo de nuestra comunidad y por eso este 2021 llevamos nuestro escenario a sus pantallas», explicó el alcalde, Juan Carrasco.

La segunda semana del evento continúa con la lectura dramatizada de «Las Brutas» de Juan Radrigán, bajo la dirección de Rodrigo Pérez y las interpretaciones de Claudia Di Girolamo, Amparo Noguera y Catalina Saavedra, en un registro de Teatro La Memoria.

El homenaje al dramaturgo que da nombre al certamen, sigue el miércoles 13 con el estreno de «El exilio de la mujer desnuda» a cargo de la compañía local Teatro Huellas de Quilicura. Luego será el turno de la mejor obra 2020 según los premios Toda la cultura, Un montón de brujas volando sobre el cielo, de Carla Zúñiga, dirigida por Manuel Morgado, con las actuaciones de Paulina García y Paula Zúñiga.

El viernes 15 de enero será el estreno del nuevo show de «Lágrimas, Celos y Dudas», mientras que el 16 regresa «Isabel desterrada en Isabel» con Tamara Acosta, en una función en vivo, sin público, transmitida vía streaming desde el teatro y con lenguaje de señas; además de los montajes familiares, Pareidolia y Alba y los cien pasos que se presentarán sábado y domingo al mediodía, respectivamente. La jornada cierra el 17 a las 21 h con la puesta en pantalla de Malicho Vaca, Reminiscencia.

«Desde siempre en Quilicura hemos sido conscientes de lo que significa que la gente tenga acceso a la cultura y al arte. Y en esa línea este año, que ha sido tan difícil para todos, más que nunca creemos que nuestros vecinos y vecinas necesitan panoramas culturales de calidad y gratuitos que los ayuden a dejar de lado, aunque sea por un momento, los problemas y la ansiedad de no saber qué se nos viene mañana con esta pandemia», concluyó Carrasco.


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[Video] Santiaguinos disfrutaron emocionantes conciertos desde sus balcones

[Video] Santiaguinos disfrutaron emocionantes conciertos desde sus balcones



La suspensión de la mayoría de los espectáculos ha dado paso a nuevas formas de entregar arte. Uno de ellos es «Voces de mujer al viento», microconciertos realizados en balcones y dirigidos por Ángela Acuña que buscan amenizar las jornadas veraniegas y homenajear a los artistas «espontáneos» de la pandemia. El show abarcó desde clásicos de la opera hasta famosos musicales. Los días 14, 15 y 17 de enero se volverán a presentar en lugares que están aún por confirmar.

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La cultura en tiempos constituyentes

La cultura en tiempos constituyentes

I La cultura como fuerza transformadora

El mundo de la cultura ha jugado siempre un rol muy relevante en todos los grandes avances en favor de una sociedad más democrática. Basta recordar los años 60 y 70, momentos de una verdadera explosión creativa en los más diversos ámbitos, también los 80, donde las más diversas expresiones culturales se entrelazaban en la protesta social contra la dictadura.

También, desde octubre del 2019, podemos ver cómo la calle en insurgencia se expresa en los muros de la ciudad, la música, la poesía, la fotografía, el teatro, el audio visual, etc. Canciones como El derecho de vivir en paz o El baile de los que sobran vienen a transformarse en símbolos del movimiento, himnos contra la brutal represión, puentes también entre diversos momentos históricos donde la esperanza se refleja en las voces y en el brillo de los ojos de las y los manifestantes.

Lamentablemente, como sucedió en los años 80, los sectores populares, la calle, como la cultura misma, verdaderos motores de los cambios, quedan de lado, y en la institucionalización del nuevo período se les asigna un rol totalmente secundario. Meros espectadores unos, teloneros los otros.

En el momento constituyente que vivimos no debemos repetir la misma historia. Ni los sectores populares, ni la cultura, pueden quedar ausentes si queremos hacer realidad los anhelos de una vida digna que reclama el país. No pueden ser una vez más los mismos de siempre, los que han administrado el modelo por más de tres décadas, quienes dominen la constituyente. Y no se trata solo de un tema de forma, de asignarles espacios en la convención constitucional a representantes de los movimientos sociales, de los pueblos indígenas o al mundo de la cultura. Es un tema de fondo, del país que queremos y de las posibilidades de construirlo que nos otorgará la nueva carta magna.

La cultura, en su sentido amplio, como en su sentido referido a las expresiones culturales propiamente tales, es básica para avanzar hacia una sociedad más justa, fraterna, igualitaria y libertaria. Requerimos un profundo cambio cultural en la forma de hacer política, en la manera de relacionarnos con la naturaleza y con el prójimo, liberándonos de la cultura de la competencia, de la dominación, de la cultura de explotación de unos sobre otros, de la cultura patriarcal.

Los desafíos de la cultura, como del libro mismo, son transversales a muchos de los desafíos que enfrentamos como país y es fundamental integrarlos en un lugar central de nuestra vida política y social. La educación que tenemos, la baja participación democrática, nuestra condición de simples exportadores primarios donde domina la lógica extractivista que arrasa con la naturaleza, la brutal desigualdad, están estrechamente vinculadas a déficits culturales y a una mentalidad política que reduce la estrategia de desarrollo a una serie de índices macroeconómicos. ¿Es acaso posible pensar en una real democracia sin sujetos activos, pensantes, críticos; mejorar nuestra educación sin elevar los niveles de comprensión lectora; romper el cepo que nos limita a exportadores primarios sin fomentar una ciudadanía creativa y productora que pueda potenciar toda la riqueza de nuestras mentes?

Parafraseando a Antonio Gramsci, quien señala que “somos todos intelectuales” en sus notables Cuadernos de la cárcel, somos todos creadores, productores culturales. Todos tenemos una mente capaz de tener su propia visión del mundo, “participar activamente en la producción de la historia del mundo, ser guías de sí mismos”, si logramos liberarnos de “una concepción de mundo “impuesta” mecánicamente por el ambiente externo, y por lo tanto por uno de los tantos grupos sociales en los cuales cada cual se encuentra automáticamente incluido desde su entrada en el mundo consciente”. Para una vida digna, es fundamental potenciar esa capacidad de ser sujetos activos, constructores de la vida cultural, social y política. Como individuos, comunidades y como países.

También, para evitar reflujos reaccionarios, como en los años treinta del siglo XX, como hoy en día con los Trump y Bolsonaro, hay que democratizar la cultura, el libro, hacerla accesible a todas y todos, no solo a las elites. Lograr una mayor densidad cultural en el conjunto de la población, activar todas las mentes, no solo es un buen antídoto contra las demencias, sino también contra el autoritarismo y la pérdida de sentido y valor de la democracia

Para un mejor vivir, un vivir con los otros y no contra los otros, con la naturaleza y no sobre la naturaleza, se requiere, de manera urgente, un profundo cambio cultural, poner en un lugar central a la cultura, en toda su amplitud de sentidos como en sus expresiones concretas. Y ello debe reflejarse en la nueva Constitución, condición necesaria, aunque evidentemente no suficiente.

II La cultura en la nueva Constitución

No es casualidad que en la Constitución del 80 esté ausente la cultura, apenas aparece cuatro veces a lo largo del texto y como un elemento sin mayor relevancia. Gran diferencia con las constituciones de países como Ecuador, Bolivia y Colombia, donde la palabra cultura está presente de manera transversal en la Constitución: ciento veinte y nueve en la de Ecuador, cinco de las cuales como diversidad cultural; veinte y nueve en la de Colombia; noventa y nueve en la de Bolivia.

Desde el mismo preámbulo y el artículo 1 de la Constitución del Estado Plurinacional de Bolivia, vemos la importancia que se le da al concepto: “Bolivia se constituye en un Estado Unitario Social de Derecho Plurinacional Comunitario, libre, independiente, soberano, democrático, intercultural, descentralizado y con autonomías. Bolivia se funda en la pluralidad y el pluralismo político, económico, jurídico, cultural y lingüístico, dentro del proceso integrador del país.” Más adelante, entre otras referencias, el artículo 98.1 señala: “La diversidad cultural constituye la base esencial del Estado Plurinacional Comunitario. La interculturalidad es el instrumento para la cohesión y la convivencia armónica y equilibrada entre todos los pueblos y naciones. La interculturalidad tendrá lugar con respeto a las diferencias y en igualdad de condiciones.” Queda así explícita, en la misma Constitución, la radical importancia de la cultura. Se trata de un derecho básico, y no puede quedar a merced de los intereses y voluntades de los gobiernos de turno.

De hecho, el derecho a la cultura ya está presente en los artículos 22 y 27.1 de la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948: “Toda persona, como miembro de la sociedad, tiene derecho a la seguridad social, y a obtener, mediante el esfuerzo nacional y la cooperación internacional, habida cuenta de la organización y los recursos de cada Estado, la satisfacción de los derechos económicos, sociales y culturales, indispensables a su dignidad y al libre desarrollo de su personalidad”; “toda persona tiene derecho a tomar parte libremente en la vida cultural de la comunidad, a gozar de las artes y a participar en el progreso científico y en los beneficios que de él resulten“, siendo considerado un derecho humano de segunda generación, protegido y garantizado por El Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de 1966 de las Naciones Unidas, el que parte del concepto mismo de dignidad. Este señala: “Reconociendo que, con arreglo a la Declaración Universal de Derechos Humanos, no puede realizarse el ideal del ser humano libre, liberado del temor y de la miseria, a menos que se creen condiciones que permitan a cada persona gozar de sus derechos económicos, sociales y culturales, tanto como de sus derechos civiles y políticos”.

Lamentablemente, en tiempos de hegemonía neoliberal, se tiende a confundir los derechos con el acceso, con el consumo. Como si la participación democrática fuera solo el voto. En los mismos diálogos ciudadanos del proceso constituyente de Michelle Bachelet, la palabra cultura se reducía al derecho al acceso a la cultura. Pero es mucho más que un tema de acceso, el mismo pacto de 1966 reconoce el derecho de toda persona a “participar en la vida cultural” y hace explícito la necesidad del “desarrollo económico, social y cultural”. Es fundamental entender los derechos culturales en un sentido amplio: a nivel personal; a nivel de las comunidades locales; a nivel de los pueblos, como es el caso de los pueblos indígenas; y a nivel de los países: el derecho a la protección y fomento de sus expresiones culturales.

Para hacer efectivo ese derecho a nivel de los pueblos y naciones, y haciendo frente a la división internacional del trabajo que potencian los tratados de libre comercio, que buscan consolidar un modelo en que algunos países son productores culturales mientras otros quedan como simples consumidores, se elaboró y aprobó la Convención sobre la Protección y la Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales de Unesco del 2005. Los países tienen derecho y el deber de proteger y fomentar sus expresiones culturales, y eso es necesario consagrarlo en el texto constitucional.

II La cultura en la construcción de futuro

En tiempos de protestas y pandemia, cuando tanto se habla y condena la violencia de los manifestantes, encarcelando injustamente a muchas/os jóvenes cuya lucha posibilitó el momento constituyente presente, hay que ser conscientes de que hace tiempo vivimos cotidianamente, en la sociedad toda, y en el ámbito cultural particularmente, tres “pandemias” que han ejercido una violencia bestial sobre todas y todos, y sobre nuestras expresiones culturales:

-El colonialismo, y en particular el colonialismo cultural, que ayer y hoy margina nuestra creación y producción cultural.

-La dictadura cívico militar y su brutal represión contra el otro, la crítica, el pensar y el arte, que provocó un abrupto corte en nuestro desarrollo político, social y cultural en el largo camino de conquista de los derechos.

-Y el neoliberalismo, que entre otros ha mercantilizado la producción cultural, concentrando en manos de multinacionales “lo que vende”, enfatizando la lógica de la competencia y los concursos que terminan anulando los sentidos de comunidad, excluyendo y limitando la bibliodiversidad como la diversidad cultural misma. Ese domino tiende a desactivar igualmente el sentido liberador y trasformador del qué hacer cultural, al reducirlo todo a simples mercancías. Toda la potencia cultural del qué se dice, se esfuma en la maraña del dónde y cómo se dice.

Para revertir esas fuerzas poderosas que marcan nuestras mentes, se requiere pensar y trabajar culturalmente en los diversos niveles, y sentar bases en la propia Constitución, como un Estado social de derecho, plurinacional, democrático, garante de los derechos políticos, sociales, económicos y culturales, que proteja y promueva la diversidad de nuestras expresiones culturales.

Es imprescindible revalorar la cultura y a quienes se dedican a ello cotidianamente, garantizar a la vez sus derechos sociales como la salud, la educación, la previsión, etc. Como país, una y otra vez celebramos a Gabriela Mistral y Pablo Neruda, pero, ¿qué hacemos para posibilitar nuevas Mistral, Parra, y Neruda al excluir su creación porque no vende?

Es urgente liberar a la cultura del mercado, potenciando un ecosistema diverso y justo, que plasme en la Constitución la relevancia del tema, y le dé continuidad en una institucionalidad cultural potente, que lejos de considerar un gasto los recursos en cultura, una pérdida, se asuma como una apuesta de presente y futuro para la comunidad que construimos, en un pilar central de la estrategia de desarrollo del país, que nos permita salir de su lógica extractivista. Que integre transversalmente los desafíos culturales en la institucionalidad toda, como por ejemplo en el Ministerio de Educación, el cual debería jugar un rol central, enfrentando el colonialismo cultural que le domina, valorando la creación propia y de países hermanos. Como decían las huelguistas de la industria del textil a principios del siglo XX, queremos pan, pero también rozas. La cultura es el espacio para que florezcan las rozas.

Basta en tal sentido de seguir gastando en tanques, carros y tecnología para afinar el control ciudadano y la represión, basta de gastar el dinero de todos los chilenos en escopetas y proyectiles antimotines que arrancan los ojos a nuestros jóvenes. Debemos contar con recursos para que se multipliquen los libros, el canto, la danza, la fotografía, las producciones audiovisuales, las obras de teatro, los muros vivos que vemos desde octubre y tantas expresiones culturales que siguen emergiendo, potenciando una sociedad creativa, con la mirada atenta, productora a nivel intelectual en los más diversos ámbitos y disciplinas.

Y al igual como fue la experiencia de la Política Nacional de la Lectura y del Libro 2015-2020, que se elaboren e implementen de manera participativa políticas culturales generales y por área, que permitan abrir círculos virtuosos a nivel creativo, donde las diversas instituciones vinculadas se comprometan verdaderamente con un objetivo común.

Para todo ello, desde la Constitución hasta las políticas públicas mismas, es básico y necesario recuperar el habla, el diálogo, la primacía del bien común; articular iniciativas, intercambios, y no seguir funcionando como islas en cada ámbito, en cada área, donde prima más la competencia que el trabajo mancomunado.

Los desafíos de la cultura y de la educación, el derecho democrático a la información y la comunicación, al acceso al conocimiento, a la diversidad cultural, como la dignidad y la protección de nuestra biodiversidad, son desafíos interrelacionados, no mundos separados, que tienen que ver con el tipo de democracia que queremos, de ciudadanos y sujetos activos o simples y limitados consumidores. Démosle a la cultura, en este momento histórico, toda la potencia liberadora, comunitaria y constructiva que tiene.





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Ernesto Garratt se imagina un Chile sin Piñera en su nueva novela

Ernesto Garratt se imagina un Chile sin Piñera en su nueva novela



«Error de Continuidad» es el nombre de la nueva novela de Ernesto Garratt, quien da un vuelvo tras «Allegados» y ahora se enfoca en la ciencia ficción.

Por eso, en el libro se plantea un Chile sin el Presidente Sebastián Piñera, esto en medio de una aventura que incluye la agenda política y social de Chile en pandemia con el guiño a la cultura pop y las referencias cinéfilas propias del oficio de este autor.

El libro ya se encuentra disponible en preventa en la página oficial de la editorial, www.aureaediciones.cl.

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Teatro Finis Terrae presenta ciclo de nuevas dramaturgias chilenas

Teatro Finis Terrae presenta ciclo de nuevas dramaturgias chilenas

Teatro Finis Terrae presenta ciclo de nuevas dramaturgias chilenas



Un ciclo destinado a relevar a las nuevas dramaturgias chilenas vigentes en la actualidad, United presenta Hostal en su formato virtual a partir del próximo sábado 9 de enero. El espacio busca destacar, tanto a las autorías consolidadas, como a las nuevas escrituras del teatro nacional.

«En tiempos de auge de la dramaturgia chilena queremos destacar algunas obras recientes desde la diversidad de sus escrituras, estilos y temáticas, realizando -entre otras- una revisión de la última Muestra Nacional de Dramaturgia», subraya el director artístico de la sala universitaria Marco Antonio de la Parra.

Todo parte con «Painecur«, la premiada obra de Lafamiliateatro, escrita y dirigida por Eduardo Luna que podrá verse online el sábado 9 de enero a las 21 h; le sigue el adelanto streaming desde Teatro Finis Terrae de «Mauro», el nuevo trabajo de la misma compañía, bajo igual dirección y dramaturgia el 10 de enero. Ambas contarán con conversatorio post función.

Luego vendrá un segmento especialmente dedicado a la recientemente presentada XIX Muestra Nacional de Dramaturgia 2020. Allí se exhibirán las puestas en pantalla de «El hombre tanque» de Marcia Césped, «Tú no eres, hermana, un conejo corriendo desesperado por el campo chileno» de Marcelo Leonart; «Un caso aislado» de Catalina Cerda, «Nakamoto» (Hiroshima/Santiago) de Marcelo Simonetti y «Dame un minuto«, esto va a ser breve de Macarena Araya, entre el 13 y 17 de enero.

Finaliza con el estreno digital de la más reciente creación de Marco Antonio de la Parra, «El último conversatorio«, dirigida por Christian Villarreal y protagonizada por Shlomit Baytelman y Alex Zisis. El montaje especialmente creado para el formato Zoom tendrá funciones en vivo, el sábado 23 y domingo 24 de enero.

Todas las obras tendrán el sistema «paga lo que puedas» (a excepción de «El conversatorio») y las entradas estarán a la venta a través de sistema Ticketplus.

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Exposición Miradas Alteradas se encuentra disponible en Museo Bellas Artes

Exposición Miradas Alteradas se encuentra disponible en Museo Bellas Artes

Exposición Miradas Alteradas se encuentra disponible en Museo Bellas Artes



Desde el 3 de diciembre el público tiene la oportunidad de apreciar en el Museo Nacional de Bellas Artes la exposición «Miradas Alteradas«, con la que la artista Voluspa Jarpa interpela la hegemonía europea para representar a Chile en la última Bienal de Venecia, una de los encuentros artísticos más importantes del mundo.

Con la curatoría del crítico español Agustín Pérez Rubio, esta propuesta se presentó en la Bienal de Venecia 2019, un referente internacional del arte contemporáneo. El pabellón chileno en la versión N°58 de este encuentro se hizo posible fue impulsado y comisionado por el Ministerio de las Culturas las Artes y el Patrimonio en alianza con el Ministerio de Relaciones Exteriores, a través de la Dirección de Asuntos Culturales (DIRAC), y de la Dirección de Promoción de Exportaciones, PROCHILE. En un modelo inédito de gestión público-privado, además colaboraron coleccionistas chilenos, la Fundación AMA, el Capítulo Chileno del National Museum of Women in the Arts y el Círculo Antenna.

La artista Voluspa Jarpa realiza una propuesta decolonial a través de la revisión de la historia europea, rescatando conceptos acuñados desde una perspectiva eurocéntrica, nociones que dan luces sobre esta violencia con la que se reduce el mundo a un modelo expansionista, desarrollista y hegemónico.

La muestra se divide en tres secciones: El Museo de la Hegemonía, La Galería de Retratos Subalternos y La Opera Emancipadora. El proyecto reúne conceptos con los que fueron definidas las colonias: raza y mestizaje, sujetos masculinos subalternos, canibalismo, concepciones de género, civilización y barbarie; monarquía y república, interpelando a una mirada crítica desde un viaje transtemporal.

Según la ministra de Cultura, Consuelo Valdés, la elección de Voluspa Jarpa permite «el reconocimiento de la participación de artistas femeninas en eventos de gran relevancia como el de Venecia Bienal. También representa una generación de artistas posterior a los 90 que han dado lugar a una valiosa imaginación sobre la construcción visual de nuestro país. Pensamos que, a nivel internacional, Voluspa es uno de nuestros artistas más influyentes, asistido por la notable experiencia de Agustín Pérez Rubio, comisario de renombre internacional».

Esta exposición estará disponible hasta el 11 de abril. El museo abre los martes y jueves, a las 10, 12 y 15 horas y la inscripción es en www.mnba.gob.cl.

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